Hamelin no Violin Hiki – Episodios 11 y 12

Hamelin me lo está poniendo difícil. Sus primeros episodios me mostraron una narrativa simplona que iba mano en mano con las convenciones del drama, nunca saliéndose del canon propuesto por éste — razón por la que quizás alejara muchos posibles visionados. Sin embargo, que siguiese convenciones al pie de la letra no le quitaba el hecho de que, para empezar, las entendía, y que vistiéndolas en una ejecución visual y argumental bastante original e interesante, daba lugar a una narrativa (a nivel fundamental y estructural) satisfactoria, que no pretendía romper convenciones, sino llevarlas a cabo. La realidad es que tras 12 episodios, ya en el ecuador de la serie, la ejecución no ha sido siempre muy limpia, y ha fallado en concretar ciertos puntos narrativos esenciales, como ya he ido notando; pero no es hasta ahora que todos esos pequeños traspiés, los cuales se han ido acumulando, están mostrando ser un problema más grave pues se están inmiscuyendo en las fundaciones del drama que Hamelin pretende ser.

Para empezar por un lado (de muchos), uno de los problemas es Raiel. Este es un personaje que en su momento no se le dio un conflicto muy interesante por lo que acabó siendo poco más que un añadido así más tontorrón al “reparto” principal. Es algo que no es necesariamente problemático, hasta el momento en el que puntos narrativos mayores lo involucren de alguna que otra forma, donde “aquel momento dramático” se verá ampliamente reducido por el simple hecho de que Raiel no ha sido tratado con suficiente atención e ingenio por la narrativa — cosa que se refleja, resultando así en un personaje poco absorbente del que perfectamente se podría carecer.

Cosas similares les sucede a los personajes introducidos en el tercio de la serie, Clari, revelando su trasfondo en medio de la batalla cúlmine; su hermana, confesando todo su conflicto al primo de turno; este personaje (del cual ni su nombre me acuerdo), sirviendo para poco más que algo de exposición por aquí y allá. Bien podrían no estar allí ninguno de estos personajes y no cambiaría nada. Por el otro lado, uno de los personajes secundarios que si que podría haber dado para algo de juego es Trom, el punto fuerte de los secundarios de Hamelin, pues en su momento se le dedicaron unos tres episodios (quizá demasiado) para que lo veamos como un humano (dentro de lo que cabe, claro) — razón por la que pensaba que pondrían hincapié en él durante el conflicto bélico. Pero resulta no ser así pues prácticamente ni aparece.

Lo que me lleva a hablar de los dos protagonistas. Flute sigue con sus sentimientos de culpa e inutilidad los cuales en el episodio once chocan con el enfrentamiento entre madre e hija que nos llevaban posponiendo desde que introdujeron a esta última. Es una decisión que desgraciadamente reduce ambos conflictos a un nivel muy banal y simplón. Por un lado los sentimientos de culpa parecen ser descartados en el momento en el que Flute perdona a su madre, subvalorando así, y casi convirtiendo en una broma, los sentimientos que Flute llevaba cargando desde el primer episodio — que si me preguntáis no lo veo yo como una resolución muy convincente ni laudable. Por el otro lado, la segunda decisión cuestionable es la de cerrar el enfrentamiento entre madre e hija tan abruptamente — cuestionable porque la forma en el que lo cierran es, una vez más, simplificándolo y subvalorándolo, pues al final acaba en un modo muy binario de “odio a mi madre por lo que hizo; ahora que sé la verdad ya no la odio”, y poco más. No es incorrecto el haberlo cerrado tan pronto pero si que sufre por ello dejándolo muy plano y soso cuando podría, y teniendo en cuenta desde cuando lo van arrastrando, debería haber sido manejado con más gracia y profundidad.

Otra razón por la que resulta tan plano es por la madre de Flute, la cual por su naturaleza no es un personaje muy interesante. Con esto me refiero a que si ocultas las motivaciones de un personaje durante cuatro episodios para después revelarnos que realmente son prescritas por “un evento que sucedió hace 15 años”, como espectador, me vas a perder bastante pues no puedo conectar con el personaje. La madre de Flute abandonó a su hija durante 15 años y después al traerla de vuelta pasó de ella, exilió al único amigo que tenía, para después seguir omitiéndola. Nos preguntamos por qué, pues, por qué tales actos de severidad. Por lo que la serie nos contesta, diciendo “ah, nada, es que tenía que hacerlo porque así lo dice la profecía”. Digamos que esto de por sí no es una razón muy satisfactoria, ni humana, ni construida para que conectemos con el personaje; y por tanto trivializa el conflicto. Se podría argumentar entonces que teniendo en cuenta lo plano y carente de humanidad que el conflicto realmente era, fue una decisión idónea el haberlo cerrado tan pronto y abruptamente. En fin.

Y el otro principal, Hamel, también tropieza ligeramente. En este caso es porque su conflicto interno que concretaron ya en el primer episodio, es básicamente el único trazo que lo define. No sabemos, por ejemplo, qué tipo de relación tiene con Flute, podemos intuir que se llevan bien y son muy amigos pues compartieron su infancia pero, es eso, lo intuimos, la serie nunca se dedica realmente a construir esa relación; y lo mismo con el resto de personajes, sus relaciones con Hamel son vacías o inexistentes. Entiendo que la serie quiera caracterizar al personaje como muy distante y obsesionado por su verdadera naturaleza a tal punto de dejar en segundo plano a sus amigos — pero ahora que su conflicto a pasado al fin a primer plano y es el foco que refleja la guerra (humanos contra demonios) en la que se encuentran, pues está demostrando no ser suficiente como para sostener al personaje como… humano. Y esto es importante pues el núcleo de su conflicto es precisamente su lucha entre su demonio interno y su humanidad, pero lo cierto es que esto último es inexistente. No hay trazo de humanidad en el personaje, Hamel está tan desconectado de lo que sucede alrededor suyo que se pasa la mitad de la serie debatiendo internamente que si es un humano o no, pero la serie falla en mostrarnos ese lado humano, por lo que el “lado demonio” es lo único que resulta ser visible, quitándole así una entera (y necesaria) dimensión al personaje que su conflicto interno parece dar por sentada. (otra interpretación es que, efectivamente, Hamel no tenga un lado humano, pero demasiadas cosas nos han ido indicando de que esto no es del todo así; aparte de que eso anularía gran parte del desarrollo de estos últimos episodios por lo que no sería muy efectivo si se diera el caso)

Entonces ¿qué decir? la idea con la que partí al empezar la serie, que Hamelin entiende los fundamentos esenciales para hacer un buen drama, se ha ido degradando lentamente y estoy dudando de si se debe a tropiezos o ignorancia. Espero que sea lo primero, porque como ya se habrá notado, no soy muy de dedicar extensos análisis para series que dejen mucho que desear, cuyos escritos tan solo me permitan repetirme una y otra vez mientras me explayo en sus fallos. He de decir que la esperanza que tenía en los anteriores episodios ha ido desapareciendo lentamente; todavía hay cierta que otra cosita que me hace pensar que esto podría ir a mejor (todo el asunto de la reina y el antagonista podría dar lugar a algo interesante), pero algo me dice que mejor no esperanzarme.

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